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Breves consejos para afrontar los exámenes

Junio es un mes para tener en cuenta en cuanto a emociones se refiere. Por un lado, está al caer el verano y las vacaciones, aunque por otro lado, antes de llegar a eso hay que pasar por los exámenes finales. Aunque cada persona puede responder de un modo distinto ante los exámenes, es cierto que la gran mayoría de estudiantes afrontan los exámenes con cierto grado de estrés y ansiedad. Es por ello que se hace necesario clarificar aquellas prácticas que son beneficiosas o contraproducentes cuando nos enfrentamos a los exámenes.

Todos sabemos que lo ideal para preparar un examen es estudiar con antelación y poco a poco, dado que nos será más fácil aprender la materia de estudio y será un aprendizaje más duradero. Además, haber tenido tiempo de aprenderse gran parte de lo que saldrá en el examen, también da seguridad a la hora de realizarlo, por lo que quizás te dé confianza y puedas ir más tranquilo. Asimismo, será positivo que tengas una técnica de estudio apropiada, que te facilite la tarea de aprenderte el máximo de contenido posible.

No obstante, por muchos motivos puede que no hayas tenido tiempo suficiente para estudiarlo todo con antelación. En este caso, algunos estudiantes deciden quedarse a estudiar durante la noche antes del examen, o incluso algunas noches antes, por lo que el descanso no es el adecuado y puede llegar a crear cierto bloqueo mental, lo que no permite que asimilemos aquello que estudiamos y no obtenemos el resultado deseado. También, puede que tomemos bebidas que nos estimulen para estar despiertos, lo que a la larga tampoco favorece el estudio. Es más productivo descansar bien las noches antes de un examen y alimentarse correctamente, dado que unos hábitos de vida saludables favorecen que nuestro cuerpo y mente esté lista para ser utilizada hasta su máximo potencial.

Asimismo, dos actividades que puedes realizar para sentirte más relajado y predispuesto a hacer un buen examen son por un lado las técnicas de relajación o por otro lado hacer ejercicio. Ambas actividades promueven que nuestro cuerpo libere tensiones y permite que nos centremos en lo importante, en este caso hacer un buen examen.

Por último, aunque pueda parecernos que no aprobar un examen es una catástrofe, tampoco hay que olvidar que lo importante a la larga es el proceso de aprendizaje y que probablemente tendremos otras oportunidades para demostrar lo que aprendemos.

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